Así es como las noches debieron ser Y los días como debieron vivirse ;oir tus latidos,tu aliento,y tu sonrisa sin que fuera suficiente sólo verlos y el que completara mi mente tus muecas diversas; el resollo tibio y el respiro frío con tu vaho caliente en ése termostato de tu alma, a quien me parece escuchar rebanando el aire.
El trinar de las aves comunes de nuestra calle y el ronroneo a distancia del «gato maula» y su erizar de pelos de ése su «monte garduño» ¿Acaso escucho tu pestañeo, abanico, nictitante que me llama sólo a mí en ese silencio de Efrén Hernández, que cae del espacio? Y tus movimientos devanando el tiempo y su aire sempiterno.
Y que tu voz en alto retumbe y escuchen todos decirme que me quieres.
¡Ése es el silencio que hoy escucho en esa cuarentena que me ha unido a tí!
JHL






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