Seguro te ha pasado que te vas de viaje y se te olvida despedirte de tu perro. Sabemos que sientes esa melancolía y culpa de haber salido sin decirle adiós.

Te pones a pensar en lo que él va a sentir, en si pensará que fue abandonado. En que las cosas no volverán a ser las mismas cuando regreses y que su relación ya está arruinada por completo.

Tenemos que saber que en cuanto a los perros, la distancia no afecta igual que las personas. Por el contrario, cuando un perro y su dueño se distancian, la relación entre ellos crecerá más con cada día.Lo puedes comprobar el día que regresas de ese viaje y tu peludo amigo salta y da vueltas por todo el lugar.

Algunas personas pensarán que estás loco, pero sabes bien que están celosos. Si no estás segura de tener una relación tan CUTE con tu mascota, aquí hay cinco indicadores que te dirán si tu perro se ha convertido en tu verdadero amor.

1. Cuando estás lejos extrañas más a tu perro que a tu familia

Sorry fam, pero es la verdad. Puede que tus amigos de la escuela o del trabajo se rían de ti cuando te pongas triste por extrañar a tu perro, pero es algo que no podrás evitar.

Y peor aún cuando tus papás o tus hermanos te mandan fotos de ellos abrazando a tu peludo bff; las lágrimas ruedan.

2. Intentas hablar con tu perro por Skype o por celular

Hablar por Skype o Facetime se ha convertido en algo común entre la gente, pero tu interés es más hacia el hecho de ver a tu perro del otro lado de la pantalla.

Cada que hablas con tu familia les pides que pongan a tu bebé en la llamada para que puedas verlo.

3. Te apuras para llegar a tu casa y poder abrazar a tu perro

No sabemos por qué, pero es común el hecho de pensar en que estás a punto de ver a tu perro otra vez mientras estás camino a casa.

De repente te entran unas ganas inmensas de llegar lo más rápido posible. No hay mejor sentimiento que el de sorprender a tu perro y ver cómo brinca y salta porque llegaste.

4. Cuando llegas a casa al primero que saludas es a tu perro

Normalmente los perros nos esperan pegados a la puerta cuando llegamos a casa, como si nuestra llegada fuera lo mejor que le hubiera pasado en todo el día.

Sin embargo, cuando no está ahí corres por toda la casa buscándolo sin importar quién te haya visto antes. Puede que tu familia se enoje por emocionarte más de encontrarlo que por verlos a ellos. Oops!

5. Llevas a tu perro a pasear como si fuera una cita

Cuando llegas a casa, siempre haces espacio para poder sacar a tu peludo amigo a largos paseos por el parque y caminatas interminables. Tu bebé se pone loco cuando ve su correa y te das cuenta que se ha convertido en su momento favorito.

Durante el camino tienes pláticas súper intensas con él como si en realidad estuvieran saliendo. Dejas de hablar cuando ves que hay gente alrededor pero sabes bien que las personas te ven raro cuando olvidas que estas hablando con tu mascota.

6. Cuando estás enferma, sabes que no hay nada mejor que acostarte todo el día con tu perro

Nadie, pero en serio, nadie, puede discutir sobre este hecho. Si te dan la opción entre acurrucarte con tu perro o con tu galán, siempre eligieras a tu peludo amigo.

¿Por qué? Porque tu pero nunca se molestará de que estés quejándote todo el día sobre cómo estás apunto de morir.

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