Acompañado de su hija Emma, su yerno Raúl y sus nietas Emmita y Natalia, recorrió con admiración la obra muralista del célebre Diego Rivera, cuya narrativa plasmada en los muros retrata la identidad, las luchas y la grandeza del pueblo mexicano. La visita guiada se convirtió en un espacio de aprendizaje, pero también de convivencia y transmisión de valores entre generaciones.
Morales Vázquez destacó que el arte no solo se contempla, se vive, se comparte y se hereda, especialmente cuando se convierte en un puente entre la historia y la familia.
Más tarde, en Coita, Chiapas, el Procurador fortaleció aún más esos lazos al compartir momentos entrañables con sus primos y con el hijo de su primo René, en un ambiente lleno de afecto, recuerdos y raíces. Acompañado de su siempre gentil esposa Elizabeth, celebró la importancia de regresar al origen, de reencontrarse con la familia y de mantener viva la esencia que lo ha acompañado a lo largo de su vida.
Así, entre murales que narran la historia de un país y encuentros familiares que alimentan el alma, el Doctor Plácido Morales Vázquez dejó claro que el servicio público también se sostiene en los valores que nacen en casa y se fortalecen con el paso del tiempo.







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