Durante años, la derecha, en voz de sus autodenominados «expertos en crecimiento económico, con dinero y sin dinero», aseguró que México iba directo al abismo. Nos dijeron que el populismo arruinaría al país, que nos convertiríamos en Venezuela —signifique lo que signifique esa comparación—, que habría fuga de capitales, hiperinflación y un colapso productivo. Pues bien, acabamos de concluir el primer semestre de 2026 y ha llegado el momento de confrontar la realidad con el catastrofismo que la derecha ha intentado imponer como narrativa.
El año pasado, México alcanzó un récord histórico de exportaciones al superar los 664 mil millones de dólares, de acuerdo con datos del INEGI. Este no es un dato aislado, sino el resultado de la consolidación del país como un actor estratégico en el comercio global, con manufacturas y productos que llegan a mercados de todo el mundo. Todo ello ocurrió a pesar de las tensiones comerciales y de los aranceles impuestos por Estados Unidos, que amenazaban con afectar seriamente este sector.
A ello se suma un fenómeno que muchos de los «expertos de derecha» prefieren ignorar: lo que diversos analistas y economistas internacionales han denominado el «superpeso». En contraste con los gobiernos neoliberales del pasado —que convirtieron la devaluación en una constante de su política económica—, el peso mexicano ha mostrado en los últimos años una estabilidad notable. Entre las economías emergentes, ha destacado por sus periodos de apreciación y por mantener una volatilidad relativamente baja.
Conviene subrayar que este desempeño tampoco ocurrió por casualidad. La transición entre el gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador y el de la Presidenta Claudia Sheinbaum desmintió, una vez más, las profecías del desastre. Del mismo modo que la conclusión del mandato de López Obrador echó por tierra los anuncios sobre la supuesta destrucción de la democracia y la instauración de una tiranía, el país continuó elevando el salario mínimo, amplió los programas sociales, fortaleció la inversión en infraestructura y, contra todos los pronósticos del conservadurismo, la economía no implosionó. Por el contrario, siguió creciendo.
Mientras tanto, el McPRIAN, sus satélites mediáticos y los autoproclamados «gurús del apocalipsis económico» llevan casi una década anunciando un colapso inminente. Año tras año repiten el mismo libreto: «ahora sí». Y, año tras año, la realidad los desmiente, para fortuna del pueblo de México.
La derecha no se equivocó por mala suerte. Se equivocó porque confundió sus convicciones ideológicas con el análisis económico, sus deseos con la realidad. Nunca aceptó que un modelo distinto al neoliberalismo podía preservar la estabilidad macroeconómica, fortalecer el comercio exterior, mantener una moneda sólida y, al mismo tiempo, ampliar los derechos sociales y el bienestar de la población. Apostaron durante años al fracaso del país como estrategia política y perdieron.
Hoy México no tiene una economía colapsada ni una moneda en ruinas. Hoy México demuestra que es posible crecer sin dejar a nadie atrás.
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