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Para el 2027, el oficialismo enfrenta el reto de incorporar a los gremios sin subordinación ni cooptación. El ejemplo del SUTGCDMX.
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La elección de 2027 se perfila como un momento crucial para la continuidad del proyecto de la Cuarta Transformación. Morena, nacido como movimiento social y consolidado como partido político desde 2014, demostró una capacidad notable para capitalizar el descontento popular y construir una base electoral sólida. Hoy, nuestro partido-movimiento tiene la gran oportunidad de fortalecer su raíz histórica. Por ello, es momento de estrechar lazos, profundizar el diálogo y construir puentes auténticos con los sindicatos del país, un sector que ha sido un pilar fundamental en la edificación de nuestro proyecto.
Para nosotras y nosotros en Morena, las organizaciones sindicales no son meras estructuras gremiales. Como señalan los principios del derecho laboral, son asociaciones integradas por trabajadoras y trabajadores para la defensa y promoción de sus derechos económicos y sociales. Surgidos como respuesta a la explotación del capitalismo industrial, los sindicatos han sido clave en la organización de la clase trabajadora por una sociedad más justa y democrática.
En México, la historia sindical ha estado marcada por la tensión entre la independencia y el corporativismo de Estado utilizado como correa de transmisión del poder. Frente a este antecedente, Morena llegó con un proyecto de ruptura con el viejo régimen. Tenemos hoy la oportunidad histórica de redefinir esta relación y apostar por un sindicalismo libre, autónomo y genuinamente representativo.
Aunque hemos priorizado la defensa de las y los trabajadores, la relación práctica con el movimiento sindical ha sido ambivalente. Asumimos con autocrítica que la situación actual representa una deuda pendiente: debemos devolver a los sindicatos el lugar social que les corresponde.
Esta tarea exige ir más allá de los buenos deseos y concretar acciones firmes. Se requiere una política deliberada para incorporar las demandas laborales a la agenda legislativa y gubernamental, así como crear espacios de participación efectiva para que los sindicatos incidan en las políticas públicas que afectan a la clase trabajadora.
La historia de Morena se construyó en ruptura con las prácticas corporativas neoliberales. El partido emanó del pueblo y se erigió sobre la base de liderazgos que enarbolaron las causas de los movimientos sociales, lo que le otorga una legitimidad popular sin precedentes. Sin embargo, la desconfianza hacia las estructuras tradicionales no debe derivar en una exclusión de facto de todo el movimiento sindical. Excluir a organizaciones autónomas que comparten el objetivo de mejorar la vida del pueblo sería un error estratégico.
La incorporación de los sindicatos a la ruta de Morena no es solo una cuestión de justicia social o coherencia ideológica; es una necesidad política decisiva. La contienda de 2027 requerirá una movilización popular amplia y sostenida, donde los sindicatos -con su capacidad de convocatoria y arraigo territorial- resultan aliados invaluables.
Además, la participación sindical en la vida política del partido fortalece la democracia interna. Un ejemplo claro es el SUTGCDMX, el sindicato más grande y activo de la Ciudad de México, cuya integración ha enriquecido la plataforma del movimiento con las demandas concretas del mundo del trabajo. Esta retroalimentación es vital para evitar que Morena se aísle en dinámicas internas de poder, desconectándose de la realidad social que le dio origen.
El rumbo hacia 2027 exige una apertura decidida hacia el sindicalismo democrático. No se trata de cooptarlo ni de subordinarlo a la lógica partidaria, sino de reconocer su legitimidad y construir una alianza estratégica basada en el respeto a su autonomía y en la genuina coincidencia de objetivos.
La Cuarta Transformación no será plena mientras las y los trabajadores organizados no encuentren en Morena un espacio de representación auténtica. Su inclusión no es un gesto de buena voluntad ni una concesión, sino una necesidad impostergable para ampliar la base social y profundizar la democracia. La elección de 2027 será el termómetro de nuestra capacidad para pasar del discurso a la acción y construir alianzas duraderas con quienes, desde sus centros de trabajo, generan crecimiento y prosperidad para nuestro país.
Cortesia de Política Online







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