En su columna publicada en El Sol de México, el Diputado Luis Humberto Fernández Fuentes reflexiona sobre uno de los grandes desafíos culturales y educativos de nuestro tiempo: la manera en que la lectura ha perdido espacio en la vida cotidiana de millones de personas.
Bajo el título “La muerte de la lectura”, el legislador advierte que el problema no solamente consiste en leer menos libros, sino en la pérdida progresiva de las capacidades de comprensión, análisis y reflexión que desarrolla la lectura.
Fernández Fuentes señala que en México alrededor del 70 por ciento de la población lee al menos un libro al año, mientras que el 30 por ciento restante no lee ninguno, una realidad que obliga a preguntarnos qué está ocurriendo con nuestros hábitos culturales.
El legislador sostiene que la lectura se ha atrofiado y que más de la mitad de los mexicanos no cuenta con una competencia lectora suficiente. A ello se suma un dato particularmente preocupante: solamente uno de cada 100 estudiantes alcanza niveles altos de comprensión lectora.
La llegada de la inteligencia artificial representa, además, un nuevo desafío. Si bien estas herramientas pueden facilitar el acceso a información y conocimiento, también existe el riesgo de que sustituyan el esfuerzo personal de leer, comprender, investigar y construir un pensamiento propio.
Para el Diputado Luis Humberto Fernández Fuentes, grandes obras de la literatura universal como “Cien años de soledad”, “Don Quijote de la Mancha”, “La Odisea” y “Ulises” han dejado de formar parte del horizonte cultural de muchos jóvenes, situación que debe generar una reflexión profunda en las familias, las escuelas y las instituciones.
Ante este escenario, plantea la necesidad de implementar nuevas acciones para devolverle a las nuevas generaciones el gusto por la lectura, no como una obligación escolar, sino como una experiencia capaz de despertar la imaginación, ampliar el conocimiento y formar ciudadanos con mayor capacidad crítica.
La lectura, sostiene Fernández Fuentes, no debe morir frente a las nuevas tecnologías. Debe transformarse, recuperar su espacio y convertirse nuevamente en una herramienta fundamental para comprender el mundo y construir una sociedad más crítica, informada y libre.
Porque cuando dejamos de leer, también corremos el riesgo de dejar de cuestionar, imaginar y pensar por nosotros mismos.






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