La Comisión Nacional de los Derechos Humanos coloca sobre la mesa un debate fundamental para el presente y futuro de nuestra sociedad: la Inteligencia Artificial debe entenderse como una herramienta creada por seres humanos, no como una fuerza inevitable destinada a desaparecer el trabajo de mujeres y hombres.
Es importante poner las cosas en su justa dimensión. La Inteligencia Artificial no piensa, no siente, no tiene conciencia humana ni posee por sí misma experiencia, valores, responsabilidad social o capacidad para comprender la realidad como lo hace una persona. Funciona a partir de modelos, información, instrucciones, infraestructura tecnológica y decisiones humanas.
Por eso, resulta equivocado afirmar que la IA llegará inevitablemente para quitarles sus plazas laborales a millones de trabajadoras y trabajadores. Lo que puede ocurrir es que determinadas tareas se automaticen, que cambien algunos procesos productivos y que aparezcan nuevas ocupaciones, pero eso es muy diferente a afirmar que las máquinas sustituirán completamente a las personas.
CALMA: LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL TODAVÍA ESTÁ EN CIERNES. Su desarrollo es acelerado, pero todavía enfrenta importantes limitaciones tecnológicas y enormes desafíos en materia de seguridad, confiabilidad, regulación, ética, infraestructura, educación y derechos humanos.
Además, la adopción de estas tecnologías no ocurre de manera uniforme en todo el mundo. Las economías más desarrolladas de la OCDE cuentan con mayores capacidades de investigación, inversión, infraestructura digital y formación especializada. México tiene por delante una importante tarea para fortalecer su desarrollo tecnológico y evitar que la brecha digital se convierta también en una brecha laboral y social.
El reto para nuestro país no es combatir la tecnología ni tenerle miedo. El verdadero reto es garantizar que la tecnología esté al servicio de las personas.
La Inteligencia Artificial debe utilizarse para apoyar a médicos, maestros, ingenieros, científicos, trabajadores administrativos, investigadores y a millones de personas en sus actividades; para hacer más eficientes determinados procesos y abrir nuevas oportunidades, no para justificar despidos masivos, precarizar salarios o eliminar derechos laborales.
La CNDH también advierte que el avance de la IA debe analizarse desde una perspectiva de derechos humanos, porque su utilización puede generar riesgos relacionados con privacidad, discriminación, información falsa, vigilancia, toma automatizada de decisiones y otros problemas que requieren reglas claras y supervisión.
Ningún algoritmo puede reemplazar la dignidad humana. Ninguna máquina puede convertirse en pretexto para quitar derechos. Y ninguna innovación tecnológica debe estar por encima del bienestar de la sociedad.
La discusión seria no consiste en anunciar que “la IA quitará todos los empleos”. La discusión responsable consiste en preguntarnos cómo preparar a las nuevas generaciones, cómo capacitar a las trabajadoras y los trabajadores, cómo regular a las empresas que utilicen estas herramientas y cómo garantizar que los beneficios de la tecnología lleguen a toda la sociedad.
La Inteligencia Artificial seguirá avanzando, sin duda. Pero su rumbo dependerá de las decisiones humanas.
Y ahí está lo fundamental: la tecnología fue creada por el ser humano y debe permanecer al servicio del ser humano.
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