La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) promueve una cultura de igualdad y corresponsabilidad en la que todas las personas que integran una familia puedan participar en las tareas domésticas y en el cuidado de quienes necesitan apoyo.
No existe ninguna limitación por razones de género o edad para colaborar en los quehaceres del hogar. Hombres, mujeres, adolescentes y adultos pueden contribuir, de acuerdo con sus capacidades, a actividades como cocinar, limpiar, ordenar, realizar compras y atender las necesidades cotidianas de la familia.
Durante mucho tiempo, las labores domésticas se han considerado responsabilidad exclusiva de las mujeres. Sin embargo, esa visión debe transformarse. La igualdad significa repartir las obligaciones, reconocer el valor del trabajo del hogar y evitar que una sola persona cargue con todas las responsabilidades.
Esta participación también debe extenderse al cuidado de personas enfermas, adultas mayores o que viven con alguna discapacidad o condición de dependencia. Todas y todos podemos contribuir a que reciban atención con dignidad, respeto y bienestar.
La construcción de familias más justas comienza cuando cada integrante comprende que el hogar es un espacio compartido y que su funcionamiento requiere colaboración, solidaridad y compromiso. No se trata de ayudar ocasionalmente, sino de asumir responsabilidades de manera cotidiana.
Los quehaceres del hogar no tienen género ni son responsabilidad de una sola persona. Compartirlos es practicar la igualdad, fortalecer a las familias y construir una convivencia más digna para todas y todos.
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