La ciudadanía no perdona fácilmente que se juegue con su economía y su tranquilidad. El diputado sindicalista cuestiona la narrativa opositora sobre el llamado predialazo y advierte que la desinformación puede convertirse en un costo político para quienes la promueven.
En política, engañar a la gente puede convertirse en el peor de los errores. Quienes pretenden ganar adeptos sembrando miedo, difundiendo versiones alarmistas y convirtiendo las preocupaciones familiares en armas de confrontación deben entender que la ciudadanía no es ingenua: escucha, compara, pregunta y, llegado el momento, también cobra cuentas en las urnas.
Con esta perspectiva, el diputado sindicalista, maestro Juan Estuardo Rubio Gualito, cuestiona la estrategia de sectores de la oposición en la Ciudad de México frente a la polémica del llamado predialazo, un tema que, a su juicio, se ha utilizado para generar incertidumbre entre las familias capitalinas en lugar de ofrecer información clara y propuestas responsables.
Para el legislador, resulta preocupante que un asunto tan sensible como las contribuciones de los hogares se convierta en terreno de confrontación partidista. La población tiene derecho a conocer con precisión qué establecen las disposiciones fiscales, cuáles son sus alcances y qué efectos pueden tener sobre su economía, sin caer en exageraciones ni en mensajes que no correspondan con la información verificable.
Rubio Gualito sostiene que la oposición debe asumir su responsabilidad pública y demostrar que tiene capacidad para construir alternativas. Cuestionar al gobierno forma parte de la democracia; hacerlo con argumentos, datos y propuestas es lo que permite que ese ejercicio sea útil para la sociedad.
En cambio, cuando la crítica se apoya en afirmaciones engañosas, advierte el legislador, existe el riesgo de que la ciudadanía pierda la confianza en quienes las difunden.
Las urnas no son un espacio para las promesas vacías ni para las campañas basadas en el miedo: son el lugar donde la ciudadanía puede expresar su evaluación del desempeño político. Por ello, Rubio Gualito considera que quienes apuestan por la desinformación podrían enfrentar consecuencias electorales si sus mensajes no resisten el contraste con los hechos.
El debate sobre el predial, subraya esta postura, debe sostenerse con información fiscal comprobable y explicaciones accesibles para las y los contribuyentes. La economía familiar merece ser tratada con seriedad, lejos de la manipulación y de los intereses de coyuntura.
La reflexión del diputado sindicalista plantea así una pregunta de fondo para la oposición capitalina: ¿dónde están las propuestas concretas para resolver los problemas de la gente y por qué sustituir el debate de fondo por una disputa de acusaciones?
En una sociedad democrática, la confianza pública se construye con hechos, congruencia y rendición de cuentas. Ningún partido tiene garantizado el respaldo ciudadano, y ninguna campaña puede sustituir indefinidamente la necesidad de presentar argumentos sólidos.
El mensaje es contundente: en la Ciudad de México, las mentiras pueden salir caras. Quienes decidan convertir la desinformación en estrategia política deberán asumir el riesgo de que la ciudadanía les retire su confianza en las urnas.
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